LO QUE PASA DE VERDAD · MUNDO LABORAL

No quiero una medalla por ir a trabajar.

Vane Omm · Maternidad & Trabajo · 6 min de lectura
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"¿Por qué tantas veces la maternidad parece convertirse, a los ojos de otros, en una sospecha?"

No quiero una medalla por ir a trabajar después de tener hijos. No necesito que me feliciten por cumplir con mis responsabilidades ni que conviertan mi rutina en una hazaña extraordinaria. Conozco mujeres que sostienen familias enteras, lideran equipos, emprenden, estudian, cuidan a sus padres, acompañan a sus hijos y siguen encontrando espacio para reírse, escuchar a una amiga o recordar que mañana hay que llevar algo especial al jardín. Las mujeres hacemos cosas impresionantes todos los días y, aun así, nunca me sentí particularmente excepcional por formar parte de eso.

Lo que sí me sigue llamando la atención es otra cosa.

¿Por qué tantas veces la maternidad parece convertirse, a los ojos de otros, en una sospecha? ¿Por qué un embarazo puede transformar de un día para el otro la manera en que se percibe a una profesional? ¿Por qué se empieza a cuestionar un currículum que hasta ayer parecía impecable? ¿Por qué aparecen dudas sobre la capacidad, el compromiso o la disponibilidad de una mujer cuya trayectoria no cambió de la noche a la mañana?

Lo viví

Lo digo porque lo viví. Me tocó sentir que, de repente, me miraban diferente. Me sacaron tareas, me dejaron afuera de reuniones, perdí un cliente que hasta entonces era mío. Y una oportunidad de crecimiento laboral que me habían propuesto semanas antes de anunciar mi embarazo, simplemente desapareció, como si nunca hubiera existido.

Lo más curioso es que nada de eso tuvo que ver con mi desempeño. No bajé el ritmo, no pedí menos responsabilidades, no mostré ninguna señal de que algo hubiera cambiado en mi forma de trabajar. Lo único que cambió fue la información: ahora sabían que estaba embarazada. Y de alguna manera, ese solo dato pareció bastar para que decidieran, sin preguntarme nada, qué era capaz de hacer y qué no.

No fue una decisión basada en hechos, sino en una proyección. Alguien decidió por mí, anticipándose a una versión de mí que ni siquiera existía todavía.

Lo que la maternidad no se lleva

Nunca entendí del todo esa lógica, porque la experiencia me ha demostrado exactamente lo contrario. La maternidad no nos vuelve menos inteligentes. No borra nuestra experiencia. No elimina años de formación, de trabajo, de decisiones acertadas y errores que también enseñaron. No hace desaparecer la creatividad, el liderazgo, la capacidad de resolver problemas ni la pasión por lo que hacemos.

Puede que cambien algunas prioridades. Puede que el tiempo se vuelva más valioso y que aprendamos a administrarlo de maneras que antes ni imaginábamos. Puede que necesitemos más redes, más flexibilidad o más empatía. Pero eso no es lo mismo que incapacidad.

En mi caso, lo que cambió fue mi manera de organizarme, no mi compromiso. Aprendí a priorizar mejor, a decir que no a lo que no era esencial, a ser más eficiente con el tiempo que tenía disponible. Lo que no cambió fue mi capacidad de pensar, de proponer, de liderar proyectos, de seguir aportando valor. Esa parte siguió exactamente igual — solo que ya nadie parecía darse cuenta, o no quería darse cuenta.

La conversación que nos debemos

Y quizás ahí está una de las conversaciones que todavía nos debemos: reconocer que las mujeres necesitamos entornos laborales más humanos no implica asumir que somos menos capaces. Del mismo modo que atravesar un embarazo, una enfermedad o una situación familiar compleja no debería borrar de un plumazo todo lo que una persona es capaz de aportar.

Quiero que el talento no entre en revisión automática cuando una mujer anuncia que está embarazada. Quiero que la confianza construida durante años no se vuelva frágil de repente.

No quiero una medalla por trabajar. Quiero que dejemos de mirar ciertas experiencias profundamente humanas como si fueran una advertencia sobre el potencial de alguien. Quiero que dejemos de interpretar el cuidado como una debilidad y empecemos a entenderlo como parte de la vida.

Porque nadie deja de ser quien es por convertirse en madre. Y porque, si algo he aprendido observando a las mujeres que admiro, es que la capacidad no desaparece cuando la vida se vuelve más compleja. Muchas veces, incluso, encuentra nuevas formas de desplegarse.

No necesitamos que nos idealicen. Necesitamos que crean en nosotras con la misma naturalidad con la que creían antes.

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Si esto te resonó, hay mucho más. Estoy construyendo una comunidad de madres trabajadoras que no quieren elegir entre su carrera y sus hijos. Porque no hay que elegir.

— Vane Omm ✦
VO

VANE OMM

Mamá de Alba, comunicadora y creadora de contenido. Escribo sobre maternidad y mundo laboral — sin filtro, sin poses, sin pretender tener todas las respuestas.