"Podemos tener empatía, escuchar y tratar de ponernos en el lugar del otro, aunque hay una dimensión de ciertas experiencias que aparece recién cuando nos toca vivirlas."
Antes de ser mamá había muchas cosas de la maternidad que conocía en teoría. Sabía que los bebés se enfermaban, que las noches podían ser largas, que existía la licencia maternal, que la lactancia requería tiempo y que volver a trabajar después de tener un hijo implicaba reorganizar bastante la vida. Podía entender todo eso, acompañar a alguien que estuviera atravesándolo e incluso creer que dimensionaba lo que significaba, pero hoy sé que había una parte enorme de esa experiencia que simplemente desconocía.
Supongo que pasa con muchas etapas importantes de la vida. Podemos tener empatía, escuchar y tratar de ponernos en el lugar del otro, aunque hay una dimensión de ciertas experiencias que aparece recién cuando nos toca vivirlas.
Una etapa que se vive en soledad
Cuando fui mamá, además, me encontré atravesando esa etapa dentro de un entorno laboral en el que prácticamente nadie estaba viviendo algo parecido. No había otras madres recientes con quienes cruzar una mirada y saber que determinadas explicaciones sobraban, ni padres atravesando las mismas noches interrumpidas, enfermedades inesperadas, cambios de rutina y esa logística bastante impresionante que aparece cuando una personita pasa a depender de vos para casi todo.
Y con el tiempo empecé a pensar mucho en lo particular que puede ser convertirse en madre o padre dentro de una empresa donde esa etapa de la vida todavía resulta bastante ajena.
Porque hay situaciones que desde afuera parecen pequeñas y desde adentro tienen una dimensión completamente diferente. Un bebé enfermo puede modificar en minutos una agenda que estaba perfectamente organizada. Una noche complicada no termina cuando empieza el horario laboral. La lactancia también existe mientras estamos trabajando. Una consulta médica no siempre puede coordinarse para el momento más conveniente y los famosos "imprevistos" empiezan a tener una frecuencia que hace bastante cuestionable seguir llamándolos así.
Nada de esto significa que una persona deje de estar comprometida con su trabajo. Significa que su vida incorporó una variable nueva, bastante demandante y, sobre todo al principio, difícil de predecir.
La diversidad de etapas de vida
Creo que ahí las empresas tienen un desafío del que quizás hablamos poco: aprender a acompañar experiencias que todavía no forman parte de la realidad de quienes toman decisiones o integran un equipo.
Durante mucho tiempo pensé la diversidad laboral principalmente desde otros lugares, pero la maternidad me hizo prestar atención también a la diversidad de etapas de vida. En una misma organización pueden convivir personas que recién empiezan su carrera, otras que están formando una familia, algunas que tienen hijos adolescentes y otras que comienzan a cuidar a sus propios padres. Cada una llega a trabajar con una realidad diferente que inevitablemente forma parte de quién es, aunque durante años hayamos actuado como si al entrar a una oficina pudiéramos dejar toda nuestra vida personal esperando afuera.
En equipos donde nadie tuvo hijos todavía, muchas veces tampoco existe una referencia previa sobre cómo acompañar un embarazo, una licencia maternal o paternal, una vuelta al trabajo o los primeros años de crianza. Y creo que esperar a que aparezca la primera persona que atraviese esa situación para empezar a pensar qué hacer nos deja demasiado librados a la improvisación.
La empatía ayuda muchísimo, aunque también hacen falta conversaciones, políticas y cierta preparación. No todo puede depender de cuánto comprende personalmente cada jefe o compañero sobre una experiencia que quizás nunca vivió.
Saber qué derechos existen, tener criterios claros frente a determinadas situaciones, pensar cómo se organiza una licencia, cómo se acompaña una reincorporación y cómo se construye flexibilidad cuando la realidad lo necesita puede evitar que todo quede librado a la improvisación de cada equipo.
Lo que no dimensionamos hasta que nos toca
También pienso en mí antes de ser mamá y seguramente hubo muchísimas cosas que no veía. Tal vez por eso este tema me interesa tanto. Ser madre me permitió comprender una realidad que antes conocía desde afuera y también me hizo preguntarme cuántas otras experiencias ajenas creo entender hoy sin llegar a dimensionarlas completamente.
No creo que necesitemos atravesar exactamente las mismas cosas para poder acompañarnos bien. Sí creo que necesitamos aceptar que hay realidades que desconocemos y tener la curiosidad suficiente para preguntar antes de asumir.
Quizás una empresa verdaderamente preparada para acompañar a las personas sea justamente esa: una que no necesita esperar a que todos vivan las mismas experiencias para empezar a entenderlas, que puede escuchar cuando aparece una realidad nueva y que es capaz de adaptarse a las distintas etapas de quienes la integran sin convertir cada cambio personal en un problema que alguien tiene que resolver individualmente.
Eventualmente la vida nos cambia a todos de alguna manera. Hoy puede ser la llegada de un hijo y mañana será otra cosa.
Y probablemente construir lugares de trabajo capaces de comprender eso sea una conversación mucho más grande que la maternidad.
Si esto te resonó, hay mucho más. Estoy construyendo una comunidad de madres trabajadoras que no quieren elegir entre su carrera y sus hijos. Porque no hay que elegir.
— Vane Omm ✦VANE OMM
Mamá de Alba, comunicadora y creadora de contenido. Escribo sobre maternidad y mundo laboral — sin filtro, sin poses, sin pretender tener todas las respuestas.